SEROQUEL

 

TITULO : "Quetiapina en el Tratamiento de la Psicosis Inducida por Drogas en la Enfermedad de Parkinson."

AUTOR : Fernandez H, Friedman J, et al.

CITA : Movement Disorders 14(3):484-487, 1999.

REVISTA : [Quetiapine for the Treatment of Drug-Induced Psychosis in Parkinson's Disease]

MICRO : La quetiapina parece una opción de primera línea en pacientes con enfermedad de Parkinson y psicosis inducida por drogas. Sin embargo, el reemplazo de otros antipsicóticos debe hacerse con cautela.

 

RESUMEN

Introducción

La psicosis inducida por drogas (PID) ocurre en el 5% al 8% de los pacientes con enfermedad de Parkinson (EP). Cada una de las drogas utilizadas en esta patología ha sido involucrada en el desarrollo de PID. El primer abordaje en el manejo de pacientes que la padecen consiste en reducir la medicación antiparkinsoniana hasta la remisión de la psicosis, aunque este objetivo habitualmente se logra a expensas de un deterioro motor. El agregado de un antipsicótico atípico permitiría manejar los síntomas sin alterar la función motora.

En los Estados Unidos existen cuatro antipsicóticos atípicos (AA) disponibles: clozapina, risperidona, olanzapina y quetiapina. En general, los AA tienen la capacidad de ejercer un efecto antipsicótico sin generar síntomas extrapiramidales agudos o subagudos significativos. Sin embargo, señalan los autores, todavía no se ha establecido consenso en cuanto a lo que se considera "significativo".

La risperidona es cada vez más cuestionada como un AA; y si bien la olanzapina se asocia con menor incidencia de parkinsonismo, la mayoría de los grupos concuerda en que empeora la función motora en algunos enfermos con EP.

La clozapina sigue siendo el ejemplo clásico de AA. La mayoría de los estudios han confirmado su eficacia y seguridad en el tratamiento de la psicosis en EP sin afección de la actividad motora. Con controles seriados estrictos de laboratorio, la incidencia de agranulocitosis descendió a 0.38% en los Estados Unidos. No obstante, sin dudas el control hematológico semanal constituye un problema.

La quetiapina es el cuarto y más nuevo AA, semejante a la clozapina desde el punto de vista farmacológico. No se asocia con riesgo de agranulocitosis, y como la clozapina tiene mayor afinidad por los receptores 5-HT2A que por los receptores D2. En estudios con pacientes esquizofrénicos, sus efectos parkinsoniano y sobre el nivel de prolactina en plasma (factor predictivo de la aparición de síntomas extrapiramidales) fueron semejantes a los obtenidos con placebo.

En este trabajo los autores presentan su experiencia completa acerca del uso de quetiapina en el tratamiento de la PID en sujetos con EP.

Métodos

Se incluyeron 20 varones y 15 mujeres con EP presuntamente idiopática, definida en presencia de tres de cuatro hallazgos característicos de la enfermedad, respuesta positiva a la L-dopa y PID según criterios del Manual de Desórdenes Mentales, Cuarta Edición (DSM-IV). Un total de 24 de los 35 pacientes no tenía antecedentes de tratamiento neuroléptico. Los enfermos que recibieron tratamiento con quetiapina fueron evaluados con la Mini Escala Mental (MMSE), Escala Psiquiátrica Breve (BPRS) y la sección motora de la Escala Unificada en Enfermedad de Parkinson (UPDRS) en forma basal y a las 4 semanas. En los enfermos que recibieron telefónicamente la indicación del tratamiento con quetiapina se efectuaron las mismas determinaciones al mes de terapia.

El tratamiento se inició con 12.5 mg de quetiapina por día hasta la remisión de los síntomas o hasta la aparición de efectos adversos (sedación extrema, confusión, hipotensión ortostática o incremento del parkinsonismo). Además del control al mes se realizó una entrevista telefónica a los dos meses.

Los autores trataron de reemplazar clozapina u olanzapina por quetiapina en once pacientes psiquiátricamente estables. Inicialmente se agregó quetiapina en dosis de 12.5 mg a 25 mg una vez al día; las dosis de clozapina y olanzapina se redujeron, respectivamente, en 12.5 a 25 mg y 2.5 mg por semana, a medida que se aumentaba la dosis de quetiapina en forma individualizada. El incremento se detuvo cuando los pacientes estaban completamente libres de la medicación antipsicótica tradicional sin recurrencia de los síntomas. La medicación antiparkinsoniana se mantuvo sin modificaciones.

Resultados

Fueron analizados 35 pacientes con EP y PID con un promedio de 75 años. La EP llevaba aproximadamente 8.4 años de duración, con un tratamiento de 427 mg diarios promedio de levodopa. La dosis promedio de quetiapina fue de 40.6 mg por día. Veinte de los 35 pacientes presentaban demencia.

Veinte de los 24 enfermos sin tratamiento neuroléptico anterior refirieron mejoría significativa o desaparición completa de los síntomas psicóticos. El puntaje de la escala BPRS mejoró de manera significativa y uniformemente en sus distintas secciones. No se detectó deterioro motor clínicamente evidente. El puntaje de la escala UPDRS motora no tuvo modificación notoria entre el registro basal y posterior.

Tres pacientes no toleraron la quetiapina por hipotensión ortostática, cefaleas, náusea y persistencia de las alucinaciones. La función motora se mantuvo estable en los 20 pacientes que continuaron el tratamiento con quetiapina. La entrevista telefónica a las 8 semanas reveló la continuidad del tratamiento sin aparición de psicosis ni deterioro motor.

Cinco enfermos sobre once alcanzaron exitosamente el pasaje de otro AA a quetiapina. Los seis restantes debieron volver al esquema original como consecuencia de confusión, comportamiento errático y aumento de alucinaciones; la edad, duración de la EP y estadio Hoehn y Yahr no fueron distintos en ambos grupos de pacientes.

Discusión

Estos resultados constituyen la primera experiencia con quetiapina en pacientes con EP. Al igual que en dos estudios abiertos anteriores, los hallazgos indican que quetiapina sería útil en el tratamiento de la PID en pacientes con EP con y sin demencia. Los efectos psicóticos de la medicación antiparkinsoniana, según la escala BPRS, disminuyeron significativamente durante la terapia con quetiapina. El 83% de los sujetos que no habían sido tratados con neurolépticos toleró bien la medicación y sólo desarrolló manifestaciones adversas mínimas (como sedación y náuseas); la escala UPDRS se mantuvo estable.

A diferencia de lo que ocurre con risperidona y olanzapina, la quetiapina parece una alterativa válida para el tratamiento de la psicosis en pacientes con EP. El efecto se logró con una dosis promedio de 40.6 mg, muy inferior a los 100 mg a 700 mg utilizados en esquizofrenia. Es necesario, concluyen los autores, establecer un control riguroso de los pacientes tratados con otros AA cuando se intenta el reemplazo por quetiapina. En este estudio el cambio sólo se logró con éxito en un 45% de los pacientes.

 

Ref : INET , SER , PSIQ , NEURO