MICOCIDE

TITULO : "Infecciones Fúngicas Superficiales.Tratamiento Tópico y Oral de las Formas Comunes."

AUTOR : Cohn MS.

CITA : Postgraduate Medicine 91(2): 239-252, 1992.

REVISTA : [Superficial Fungal Infections. Topical and Oral Treatment of Common Types]

MICRO : Muchos antifúngicos pueden utilizarse en el tratamiento tópico de las dermatomicosis, pero sólo la griseofulvina y el ketoconazol se utilizan para la terapia sistémica.

RESUMEN

Introducción

Las infecciones fúngicas superficiales, señala la autora, pueden ser clasificadas en dermatofitosis, micosis superficiales y candidiasis. Este artículo, explica, presenta una reseña de las dermatofitosis más comunes y de la pitiriasis versicolor, una micosis superficial producida por una levadura lipofílica.

Los dermatofitos, destaca, son responsables de la gran mayoría de las infecciones fúngicas superficiales de la piel, uñas y cabellos. Estos microorganismos infectan y sobreviven en la capa córnea de la piel y raramente invaden por debajo de la epidermis. Se denomina dermatofitosis, recalca, a las infecciones causadas por hongos pertenecientes a los géneros Trichophyton, Microsporum y Epidermophyton.

Los procedimientos diagnósticos usuales, señala la autora, incluyen el examen microscópico directo de los especímenes, utilizando hidróxido de potasio como clarificante del preparado, el cultivo micológico y el examen con luz y filtros de Woods. Este último procedimiento, explica, consiste en hacer incidir la luz ultravioleta sobre la muestra y observar la emisión de luz visible, cuyo color varía según la especie de dermatofito involucrada.

Tinea capitis

La tinea capitis, también conocida como culebrilla del cuero cabelludo, ocurre principalmente en niños en edad escolar, comenta la autora. Los agentes causales más comunes, indica, son Trichophyton tonsurans, Microsporum audouinii y M. canis. La tinea capitis se presenta como uno o más parches anulares de alopecía escamosa inflamatoria o no inflamatoria. El examen con filtro de Woods muestra fluorescencia amarillo verdosa cuando la patología se debe a M. audouinii o M. canis, destaca, pero el principal causante de tinea capitis, el T. tonsurans, no produce fluorescencia. En consecuencia, señala, todos los casos sospechosos deben ser confirmados por examen microscópico y cultivo. Para resultar eficaz, el tratamiento antifúngico tópico debe acompañarse con frecuencia de la administración oral de griseofulvina, advierte. Los shampoos en base a sulfuro de selenio o ketoconazol pueden ser utilizados en conjunto con la terapia sistémica para reducir la cantidad de elementos fúngicos superficiales.

Tinea corporis

Se denomina tinea corporis, explica la autora, a todas las dermatofitosis superficiales de la piel, exceptuando aquellas que involucran el cuero cabelludo, la barba, la cara, las manos, los pies, la región inguinal y las uñas. La infección es más frecuente en lugares con clima húmedo y cálido, comenta, y se ve favorecida por la presencia de diabetes, leucemia y otras patologías sistémicas. Los agentes causales más comunes son M. canis, Trichophyton mentagrophytes y Trichophyton rubrum. Las lesiones características son parches escamosos anulares, ligeramente eritematosos y secos, con bordes elevados y aclaramiento central progresivo. El diagnóstico requiere del cultivo micológico, recalca, ya que el examen microscópico sólo detecta un tercio de los casos. Debe tenerse en cuenta, advierte la autora, que diversas enfermedades cutáneas presentan una apariencia similar a la tinea corporis. La aplicación tópica de naftifina, ketoconazol o ciclopirox olamina resulta eficaz cuando se presentan escasas lesiones aisladas, pero las infecciones diseminadas, indica, requieren tratamiento oral con griseofulvina o ketoconazol.

Tinea cruris

Se denomina tinea cruris, señala la autora, a la infección que compromete a la ingle y, en ocasiones, a las nalgas y a las áreas perianal y perineal. A diferencia de lo que ocurre en las candidiasis, destaca, el escroto se ve afectado raramente y el pene nunca sufre infección. El diagnóstico se basa en el examen microscópico y los cultivos. Como parte del tratamiento se indica mantener el área afectada lo más seca posible. Muchos casos pueden ser tratados con antifúngicos tópicos como econazol, oxiconazol y natifina, sostiene, pero cuando existe enfermedad inflamatoria o prurito significativo deben agregarse corticosteroides.

Tinea pedis

La tinea pedis, también llamada pie de atleta, es la infección fúngica más común, resalta la autora, y se observa con mayor frecuencia en poblaciones que utilizan calzado cerrado, ya que el crecimiento de los hongos es favorecido por el calor y la transpiración. Los agentes causales más comunes de tinea pedis son T. rubrum, T. mentagrophytes y Epidermophyton floccosum. La afección, explica, comienza generalmente en las membranas interdigitales y se disemina a la superficie dorsal o plantar, y suele presentarse como una descamación seca crónica. El diagnóstico suele realizarse por microscopía y cultivo, y este último sirve además para descartar la presencia de infección bacteriana secundaria. Por lo general, señala, la tinea pedis puede tratarse con cremas tópicas de naftifina, oxiconazol o clotrimazol, pero en las infecciones mixtas se prefiere al econazol. En los casos más severos, indica, puede utilizarse tratamiento oral con griseofulvina o ketoconazol.

Onicomicosis

Mientras que se denomina onicomicosis a cualquier infección fúngica de las uñas, el nombre tinea unguium, advierte la autora, se reserva para las infecciones ungulares causadas por dermatofitos. Los agentes causales más frecuentes de onicomicosis, comenta, son T. rubrum, T. mentagrophytes, E. floccosum y Candida albicans. Se distinguen 4 variedades clínicas de onicomicosis: distal subungueal, blanca superficial, proximal subungueal y la causada por cándida. El diagnóstico se basa en la microscopía y los cultivos micológicos. Si estos métodos no son suficientes para aislar el agente causal se debe recurrir, indica la autora, al examen histopatológico de un corte de la uña comprometida. El tratamiento tópico raramente lleva a la curación, destaca, excepto en la onicomicosis blanca superficial. Para lograr la erradicación total debe agregarse tratamiento oral con griseofulvina o ketoconazol.

Pitiriasis versicolor

Esta patología se conoce comúnmente como tinea versicolor, pero el nombre, advierte, es inapropiado dado que la infección no es causada por un dermatofito sino por Pityrosporum orbiculare, una levadura lipofílica. La infección resulta más frecuente en personas jóvenes con piel grasosa. Las lesiones, explica, se presentan en el tronco superior, brazos y cuello como parches ligeramente escamosos de color rosado, rojo, marrón y blanco. La técnica de Woods produce una fluorescencia amarilla típica. El tratamiento más frecuente, señala, consiste en la aplicación durante 10 minutos de shampoo de sulfuro de selenio desde el cuello hasta las nalgas. También pueden utilizarse agentes tópicos como ketoconazol, econazol y ciclopirox olamina. Recientemente, comenta, se ha utilizado con éxito la terapia oral con ketoconazol, a la dosis de 200 mg diarios durante 14 días ó una dosis única de 400 mg seguida de una segunda dosis una semana más tarde.

Revisión de las opciones terapéuticas

Actualmente, señala la autora, existen muchos agentes antifúngicos tópicos que pueden ser utilizados en el tratamiento de las dermatomicosis. Los más antiguos, comenta, son el ácido undecilénico y el tolnaftato, que son activos contra dermatofitos y se utilizan en medicamentos de venta libre. Los imidazoles son más nuevos y tienen un espectro de acción más amplio, siendo eficaces contra dermatofitos, P. orbiculare y Candida. A diferencia de lo que sucede con los antifúngicos orales, destaca la autora, la disponibilidad de antifúngicos orales es menor. La griseofulvina es eficaz contra todas las especies de dermatofitos, pero no frente a Candida, P. orbiculare y hongos saprófitos. El ketoconazol, indica, tiene acción contra dermatofitosis recalcitrantes, infecciones cutáneas por Candida, pitiriasis versicolor e infecciones fúngicas sistémicas. La anfotericina B parenteral, comenta por último, está indicada en las infecciones fúngicas sistémicas y profundas, pero no en el tratamiento de las micosis superficiales.

Ref : INET , MID , DERMA