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TITULO : "Efectos Adversos de la Introducción Precoz de Leche Entera de Vaca en la Infancia."

AUTOR : Ziegler EE.

REVISTA : [Efectos Adversos de la Introducción Precoz de Leche Entera de Vaca en la Infancia]

MICRO : Debido a sus efectos adversos sobre los niveles de hierro y a su alta carga de solutos, la leche entera de vaca no es un alimento recomendable durante el primer año de vida.

RESUMEN

Introducción

Los efectos adversos de la alimentación infantil con leche entera de vaca se producen en 2 áreas no relacionadas, refiere el autor. Una de ellas se refiere a la asociación entre la alimentación con leche de vaca y el desarrollo de deficiencia de hierro. La segunda se refiere a la potencial sobrecarga renal de solutos con la leche de vaca y su asociación con el riesgo de deshidratación. Las objeciones a la alimentación con leche de vaca son máximas durante los primeros 6 meses de vida. Durante este período, la potencial carga de solutos constituye un riesgo considerable para el niño y es la razón principal de su contraindicación. Durante la segunda mitad del primer año de vida, disminuye la preocupación por la carga renal de solutos y aumenta la preocupación por el estado nutricional del hierro.

Luego de posiciones variadas, prevalece actualmente la idea de que la leche de vaca no debe utilizarse durante el primer año de vida.

Leche de vaca y estado nutricional del hierro

Durante el primer año de vida, el niño normal debe incrementar el hierro corporal en 110 mg aproximadamente. Además, se deben reponer cerca de 91 mg de hierro, cuya pérdida es inevitable. Por consiguiente, las necesidades de hierro absorbido son de 0.55 mg/día. Su deficiencia suele producirse como resultado de la incapacidad de la dieta para proporcionar la cantidad suficiente. Es obvio que la leche de vaca, con su típica concentración de hierro de 0.5 mg/l constituye una fuente insuficiente. Diversos estudios demostraron que la leche de vaca contribuye sólo en una mínima proporción a la ingestión diaria de hierro; la mayor cantidad la proporcionan los cereales enriquecidos con hierro. Es importante que la ingestión del mineral dependa enteramente de la elección de los otros alimentos. Por consiguiente, si no se incluyen en la dieta cereales u otros alimentos enriquecidos es improbable que el niño alimentado con leche de vaca tenga una ingestión adecuada de hierro. Por otra parte, la leche de vaca contiene concentraciones elevadas de algunos inhibidores de la absorción de hierro que no forma parte del hem, tales como el calcio y la caseína. Otro factor que influye en el estado nutricional de hierro en los niños alimentados con leche de vaca es la tendencia de este alimento a provocar hemorragia intestinal oculta y anemia.

Carga renal de solutos

La carga renal de solutos como urea, sodio, cloro potasio y fósforo, más algunos componentes menores, deriva directa o indirectamente de la dieta. Por consiguiente, la carga renal de solutos se puede calcular a partir de la ingestión dietética de solutos o de sus precursores. La carga renal potencial de solutos (CRPS) de la dieta resulta de la suma de los solutos preformados y de los precursores. La leche de vaca proporciona una CRPS más de 3 veces superior a la de la leche humana, mientras que las fórmulas sólo proporcionan un 50% más de CRPS que la leche humana. La importancia fisiológica de la carga renal de solutos radica en su relación con la economía del agua. La carga renal de solutos debe ser excretada cuantitativamente por los riñones. La cantidad mínima de agua necesaria para la excreción de solutos está definida por la capacidad de concentración renal y por la carga renal de solutos. En condiciones normales, la osmolaridad urinaria es mínima con la lactancia materna y más de 3 veces superior en la alimentación con leche de vaca. En condiciones normales, el niño tiene poca dificultad para excretar la carga renal de solutos. Sin embargo, en situaciones en las que se dispone de poca agua para la formación de orina el grado de carga renal de solutos adquiere importancia clínica. En un proceso febril, por ejemplo, el volumen total de ingestión de líquidos se reduce en un 25%, mientras que la pérdida de agua por evaporación aumenta un 33%. La osmolaridad resultante se duplica y las máximas osmolaridades se alcanzan con la leche de vaca. Es evidente que bajo estas circunstancias, los niños alimentados con leche materna o con fórmula tendrán poca dificultad para mantener el equilibrio de agua, mientras que la mayoría de los sujetos alimentados con leche de vaca tendrán un balance hídrico negativo, con el consiguiente riesgo de deshidratación. Por otra parte, durante los procesos diarreicos, la mayoría de los niños tienen temporalmente un balance hídrico negativo, independientemente de la alimentación. Sin embargo, la alimentación determina la magnitud de este balance negativo y el tiempo en que el niño será capaz de mantener dicho balance. Mientras que un niño alimentado con fórmula puede necesitar de 5 a 6 días para perder el 10% del peso corporal, en las mismas circunstancias, un niño alimentado con leche de vaca podría necesitar de 2 a 3 días para alcanzar el mismo grado de deshidratación. Según lo expuesto, es evidente que la alimentación con leche de vaca reduce enormemente el margen de seguridad frente a la deshidratación.

Conclusión

No cabe duda de que su bajo costo es la razón por la que la leche de vaca se sigue utilizando para la alimentación de los lactantes a pesar de los riesgos que conlleva. La seguridad de la leche de vaca se podría incrementar considerablemente con medidas sencillas y relativamente baratas. Así, el enriquecimiento con hierro eliminaría la principal objeción relacionada con el estado nutricional del hierro. Por otra parte, los riesgos asociados con la alta carga renal potencial de solutos se pueden disminuir convirtiendo la leche de vaca en fórmula de leche de vaca mediante la adición de agua y carbohidratos.

Ref : INET , KAS , NUTRI , PEDIAT