NEUROACTIL

TITULO : "Tratamiento Farmacológico en la Enfermedad de Alzheimer. Efectos sobre el Esfuerzo de los Cuidadores y la Calidad de Vida del Paciente."

AUTOR : Hollister L y Gruber N.

CITA : Drugs & Aging 8(1):47-55, Ref.:58, Ene 1996.

REVISTA : [Drug Treatment of Alzheimer's Disease. Effects on Caregiver Burden and Patient Quality of Life]

MICRO : El tratamiento farmacológico intenta mejorar las condiciones del paciente con Alzheimer y de las personas encargadas de su cuidado.

RESUMEN

El deterioro severo de la capacidad cognitiva en las personas de mayor edad, afirman los autores de esta reseña, constituye una situación lamentable, tanto para los afectados como para las personas encargadas de su cuidado. Subrayan la importancia social del tema, al comentar datos demográficos que revelan el progresivo aumento de la frecuencia de esta entidad en los países desarrollados, junto con el aumento de la expectativa de vida. Las proyecciones futuras, dicen, sugieren que estamos frente a una "epidemia silenciosa" de esta enfermedad.

Problemas diagnósticos en la enfermedad de Alzheimer

Desafortunadamente, explican los autores, el único método diagnóstico eficaz es mediante una biopsia o el examen post mortem. El diagnóstico clínico, basado en la lenta declinación de la capacidad cognoscitiva, presenta un índice de error del 25% cuando se lo comparara posteriormente con los resultados de la autopsia, dicen. El empleo de técnicas de imágenes, agregan, sólo ofrece un 47% de sensibilidad y 65% de especificidad.

De todos modos, afirman, los tests psicométricos pueden ser de gran utilidad. Como ejemplo, citan un trabajo en el que el uso conjunto de la Wechsler memory Scale, el Trailmaking Test y el Word Fluency Test, permitió gran precisión en el diagnóstico de Alzheimer (sólo 2 errores diagnósticos en 184 casos). En otro estudio, dicen, el Visual Retention Test, Controlled Oral Word Asssociation Test y del Temporal Orientation Test, diferenciaron correctamente el 89% de los pacientes con distintos tipos de demencia.

De acuerdo con los expertos, la evaluación del paciente debe incluir: (I) una historia clínica completa, (II) cuidadoso examen físico y neurológico, (III) evaluación del estado mental, (IV) un test de detección, como el Mini Mental State Examination, el Short Portable Mental Status Questionnaire o el Blessed Dementia Rating Scale, y (V) estudios de sangre y orina para descartar otras enfermedades.

Métodos para evaluar la evolución del paciente

La evaluación de la eficacia terapéutica, afirman los expertos, es difícil en estos pacientes. El médico, dicen los especialistas, se enfrenta a los efectos interrelacionados del daño cerebral, de los trastornos físicos generales asociados a la edad y de numerosos factores psicosociales.

Diversas escalas de clasificación fueron desarrolladas para evaluar el efecto de los agentes antidemencia. Los datos necesarios son aportados por el mismo paciente, por sus cuidadores o por el médico interviniente.

Así fue diseñada en primer lugar la Sandoz Clinical Assessment-Geriatric Scale, y más recientemente la Alzheimer' Disease Assessment Scale, reconocida por su sensibilidad.

Una herramienta útil para el seguimiento clínico, señalan, es la Global Deterioration Scale. Para la evaluación de la calidad de vida, nombran la Progressive Deterioration Scale y para examinar la capacidad de realizar actividades diarias, la Instrumental Activities of Daily Living Scale.

En forma más reciente, explican, fueron desarrollados métodos para evaluar el efecto sobre los cuidadores de los pacientes, la mayoría de los cuales son parientes (esposos, hijos y hermanos). El examen analiza las consecuencias psicológicas, físicas y materiales que recaen sobre los mencionados familiares, reconocidos como «las víctimas indirectas de la enfermedad».

Estos estudios incluyen el Beck Depression Inventory, el Center for Epidemiologic Studies Depression Scale y el General Health Questionnaire.

Terapia farmacológica de la enfermedad de Alzheimer

Si bien muchas drogas fueron empleadas, muy pocas lograron algún beneficio, sostienen los autores. Las principales drogas utilizadas, comentan, son los mesilatos de ergoloide (ME) y los colinomiméticos (CM).

Los ME, son alcaloides deshidrogenados del ergot. Los autores citan 22 estudios controlados donde fue informado el mejoramiento de algún aspecto psicológico o de la conducta, luego del empleo de estos medicamentos. No obstante, advierten, sólo 18 de los estudios establecieron la posibilidad de algún beneficio clínico, mientras que un meta-análisis de los ME vs placebo, indicó sólo un pequeño efecto farmacológico positivo sobre la enfermedad de Alzheimer, con una mayor eficacia en aquellos pacientes con demencia vascular. La aplicación de ME decreció en forma considerable, debido a la ausencia de una explicación racional de su modo de acción y a los resultados paradójicos de un reciente estudio clínico que informa un aumento de los síntomas luego de la medicación, indican.

Por otra parte, el empleo de CM se fundamenta en el hecho que la acetilcolina muestra una reducción importante en los pacientes con Alzheimer y que este neurotransmisor está involucrado en los procesos de aprendizaje y memoria.

Entre los CM más utilizados, afirman, se encuentran los inhibidores de la acetilcolinesterasa. Uno de ellos, la fisostigmina, mostró algunos efectos positivos inicialmente, pero una evaluación de su administración oral prolongada demostró efectos adversos importantes. Otro inhibidor de la acetilcolinesterasa utilizado fue la tacrina (tetrahidroaminacrina), pero también se registraron resultados contradictorios, al igual que con la terapia combinada de lecitina y tacrina.

Desde otro punto de vista, algunos investigadores analizaron la incidencia de la terapia con tacrina y velnacrina en el esfuerzo de los encargados de la asistencia de los pacientes. El tratamiento, afirman, produce un efecto positivo sobre la demanda de cuidado.

Por último, los autores describen otros posibles tratamientos farmacológicos. Los nootrópicos como el piracetam, dicen, no fueron adecuadamente analizados, pero parecen tener poco o ningún efecto, mientras que la levacecarnina podría reducir la progresión de la enfermedad. Otras drogas de utilidad potencial, enumeran, son la memantidina y sus dimetil derivados, la selegilina (un inhibidor de la monoaminooxidasa tipo B) y los antagonistas de calcio, como la nimodipina.

Conclusión

Diversas escalas de clasificación fueron desarrolladas para evaluar los efectos del tratamiento farmacológico en pacientes con Alzheimer, afirman. Un tema de actual interés, es la valoración de las consecuencias de esta patología sobre aquellas personas que se encargan del cuidado del paciente. Probablemente, arguyen, las drogas destinadas al tratamiento de los pacientes con Alzheimer también serán evaluadas para comprobar los beneficios secundarios para los cuidadores, quienes se encuentran sometidos a un estrés físico y mental considerable.

La enfermedad de Alzheimer, dicen los expertos, es una patología devastadora, tanto para el paciente como para los encargados de su atención. Aunque no existe en la actualidad una terapéutica adecuada, los autores concluyen que el progreso del conocimiento sobre esta afección permite confiar en la utilidad potencial de la farmacología para mejorar las condiciones del paciente y de las personas encargadas de su cuidado.

   

Ref : INET , NER , PSIQ , NEURO