PEDIATRIA

 

TITULO: El Olor de la Leche Materna Estimula la Succión en Recién Nacidos Pretérmino

AUTOR: Raimbault C, Saliba E, Porter RH

TITULO ORIGINAL: The Effect of the Odour of Mother's Milk on Breastfeeding Behaviour of Premature Neonates

CITA: Acta Paediatrica 96(3):368-371, Mar 2007

MICRO: Un período breve de exposición al olor de la leche materna inmediatamente antes del amamantamiento, durante 5 días consecutivos, mejoró la ingesta en los niños prematuros.

 

 

Introducción

A pesar de que son conocidos los beneficios de la lecha materna para los recién nacidos pretérmino, la lactancia es más reducida en esta población que en los niños nacidos a término. En general, la capacidad de succión se desarrolla de manera deficiente en los niños prematuros, aunque luego mejora con la edad y la experiencia. Por lo tanto, la lactancia materna sólo comenzará luego de intentos repetidos. A diferencia de esto, los recién nacidos a término son capaces de encontrar el pezón e iniciar la alimentación sin ayuda dentro de la primera hora de vida. Los olores de la madre facilitan el inicio de la lactancia, dado que guían al neonato hacia el pezón y estimulan el movimiento de succión y chupeteo, componente importante de la secuencia conductual estereotipada previa a la alimentación.

Las respuestas conductuales a estímulos olfatorios se documentaron en neonatos prematuros con una edad gestacional de 28 a 29 semanas. En un estudio realizado con 1 solo sujeto, la frecuencia de succión aumentó cuando se acercó a las narinas de un lactante de 32 semanas un apósito embebido en leche materna. Estos resultados sugieren que el olor de la leche materna podría tener un efecto positivo sobre la succión en los niños pretérmino en el contexto de la lactancia natural. Para evaluar esta hipótesis los autores compararon la conducta durante la lactancia y la ingesta de leche materna en muestras de niños pretérmino expuestos al olor de la leche de su madre y en niños pretérmino expuestos al olor del agua (grupo control).

Métodos

En el estudio participaron 13 lactantes pretérmino que cumplieron con los siguientes criterios de inclusión: edad gestacional al nacimiento > 29 semanas y < 34 semanas, cuadro clínico estable, ventilación espontánea, sin signos de asfixia, malformaciones congénitas o hemorragia intraventricular grado III/IV; además, la madre deseaba amamantar a su hijo. A lo largo del estudio, los pacientes permanecieron en incubadora en una unidad de cuidados intensivos neonatales, salvo por el período de alimentación, en el que fueron cargados por sus madres. Se estimuló a las mujeres a iniciar el contacto piel a piel con sus hijos, tan pronto como fuera posible. Todos los participantes fueron alimentados con leche pasteurizada de donante durante los primeros 8 a 10 días (por sonda orogástrica). Luego de este período, recibieron la leche de su madre.

Siete lactantes fueron asignados de manera aleatoria a ser expuestos al olor de la leche materna y 6 al olor del agua (controles). En la semana 35 de edad postgestacional, cada niño fue expuesto al estímulo oloroso asignado durante una sesión de 120 segundos por día, por 5 días consecutivos. En las sesiones de exposición, el lactante permaneció en los brazos de su madre y el líquido estimulante en un hisopo embebido se sostuvo a aproximadamente 1 cm de las narinas del niño.

El intento inicial de lactancia se produjo durante la semana 35 de edad postgestacional, 1 día después de comenzada la exposición al olor. En cada uno de los 5 días siguientes se intentó amamantar al niño, inmediatamente después de la finalización de cada sesión de estimulación. El niño fue colocado en el pecho de su madre con la cara orientada hacia el pezón, sin estar en contacto físico con el mismo. Se les permitió a los niños desenvolverse de manera espontánea durante los 10 minutos iniciales de cada período de prueba de lactancia; luego de ese intervalo se ayudó al niño a llegar al pezón. Los neonatos permanecieron en el pecho de sus madres hasta que ellas decidieran dar por terminada la sesión de alimentación. Luego se continuó la alimentación con leche materna por tubo orogástrico.

El primer signo sistemático de lactancia se observó en el intento de alimentación que siguió a la última sesión de exposición (día 5 de la terapia de exposición al olor). Las siguientes conductas se diferenciaron durante la alimentación: 1) latencia para alcanzar el pezón; 2) duración de la ronda más larga de movimientos repetitivos de succión; 3) cantidad de rondas prolongadas (rondas compuestas por 7 o más movimientos de succión). Los niños fueron pesados inmediatamente antes y luego de cada sesión de alimentación para determinar la cantidad de leche que ingirieron.

Resultados

Los niños expuestos al olor de la leche materna mostraron rondas más largas de movimientos de succión, mayor cantidad de rondas prolongadas y consumieron más leche que los bebés del grupo control expuestos al olor del agua. Durante el período de exposición de 5 días (durante la semana 35) se observó un incremento gradual en el número de niños que consumió más cantidad de leche en el grupo activo. Durante la sesión de alimentación que siguió a la primera sesión de exposición, 2 de 7 lactantes ingirieron algo de leche, mientras que durante los días 2 a 5 de exposición, el número respectivo fue de 3, 4, 4 y 6. Los lactantes expuestos al estímulo oloroso del agua no consumieron una cantidad de leche considerable durante los 3 primeros días del tratamiento de exposición y sólo 1 ingirió leche en los días 4 y 5. Durante la alimentación previa al alta hospitalaria, los 7 niños del grupo activo ingirieron algo de leche, en comparación con 3 de los 6 niños del otro control. La latencia para alcanzar el pezón no varió entre ambos grupos. Al momento del alta hospitalaria, la media de la edad posterior al parto de los niños en el grupo expuesto a la leche materna fue de 43 días (29 a 56 días) en comparación con los 55.5 días (44 a 60 días) del grupo control. Los niños del primer grupo permanecieron menor cantidad de tiempo en el hospital que aquellos del grupo control.

Los pacientes permanecieron internados un mínimo de 13 días luego de la exposición al estímulo oloroso. Durante este intervalo, la media de aumento de peso no demostró diferencias significativas entre ambos grupos (incremento medio para los lactantes expuestos a la leche materna y al agua, 33.3 g y 27.6 g, respectivamente).

Discusión

Según los autores, un período breve de exposición al olor de la leche materna inmediatamente antes del amamantamiento durante 5 días consecutivos mejoró la ingesta en los niños prematuros. El efecto positivo de este tratamiento simple y no invasivo sobre la conducta de alimentación continuó luego de la última sesión de exposición, observado después del alta. Además, agregan los investigadores, la exposición al olor de la leche materna también redujo la estadía hospitalaria en comparación con los controles.

El incremento en la ingesta en los lactantes pretérmino expuestos al olor de la leche materna puede explicarse por los patrones de succión más eficaces observados en este grupo. Las rondas más largas de movimientos de succión y el mayor número de rondas prolongadas de succión se observaron en el grupo expuesto al olor de la leche materna. La prolongación de las rondas indica una transición hacia un patrón más maduro de alimentación. Diversos estudios adicionales determinaron que, en los niños prematuros, la succión que no busca por finalidad la alimentación se incrementa con la exposición al olor de la leche materna. Este tipo de succión facilita la transición desde la alimentación por sonda a la alimentación por biberón y disminuye la estadía hospitalaria. Los datos presentados por los autores muestran efectos similares en la succión en el contexto de la lactancia natural. Además, la exposición al olor de la leche inmediatamente antes de la sesión de alimentación produjo una succión más efectiva, que permitió a los neonatos obtener más fácilmente la leche del pecho materno. Una vez establecidas, las mejorías en las habilidades de succión se mantienen en las sesiones siguientes de alimentación, incluso a pesar de la interrupción de la exposición al olor. Al momento del alta hospitalaria, los niños expuestos al olor del agua tenían más edad que aquellos del grupo activo y, a pesar de ser mayores, los patrones de succión eran más inmaduros. Los niños del grupo expuesto a la leche materna presentaron autonomía en su conducta alimentaria en forma más rápida, lo que constituye un criterio importante para el alta hospitalaria. Es interesante notar que la técnica de succión también influye en la eficacia a largo plazo de la lactancia de los niños nacidos a término. Los lactantes que presentan una succión "defectuosa" durante la primera semana luego del nacimiento muestran más problemas durante la lactancia y son más propensos a abandonarla luego de 4 meses.

Los resultados de este estudio proveen aún más información sobre la importancia clínica de la olfacción en los neonatos; sin embargo, existen pocas investigaciones pertinentes en las que los niños prematuros sean objeto de estudio. La estimulación olfativa también parece disminuir la incidencia y duración de las apneas. Los datos presentados por los autores indican que la exposición breve y temprana al olor de la leche materna puede tener una influencia positiva en el desarrollo de la conducta alimentaria en neonatos pretérmino. Las respuestas conductuales al estímulo oloroso de la leche pueden interpretarse como una oportunidad para los niños pretérmino de practicar y refinar sus habilidades de succión, que constituyen un requisito para lograr una lactancia eficaz. Según los autores, debido a la simplicidad, su aparente falta de riesgos y su bajo costo, esta intervención puede ser incorporada fácilmente entre los cuidados de rutina de los niños pretérmino de madres que elijan la lactancia.

 

Ref: PEDIAT