NUTRICION

 

TITULO : Comparación entre una Dieta Baja en Carbohidratos y Cetogénica y una Dieta Baja en Grasas para el Tratamiento de la Obesidad y la Hiperlipidemia

AUTOR : Yancy WS, Olsen MK, Guyton JR y colaboradores

TITULO ORIGINAL: [A Low-Carbohydrate, Ketogenic Diet versus a Low-Fat Diet to Treat Obesity and Hyperlipidemia]

CITA : Annals of Internal Medicine 140(10):769-777, May 2004

MICRO : La dieta escasa en carbohidratos, cetogénica, es más eficaz que el régimen bajo en grasas en el tratamiento de la obesidad y la hiperlipidemia.

 

 

Introducción

Con la mayor prevalencia de la obesidad en los últimos años aumentaron las dificultades enfrentadas por los pacientes con sobrepeso y sus médicos. Menos del 25% de los norteamericanos que intenta adelgazar lo hace mediante la reducción de la ingesta de calorías y el aumento de la actividad física. Por otra parte, quienes logran perder peso tienen dificultades para mantenerlo. Por lo tanto, no es sorprendente que los consumidores gasten anualmente miles de millones de dólares en productos y servicios para adelgazar. Una estrategia que adquirió reconocimiento a pesar de la escasa evidencia científica que la respalda es la dieta baja en carbohidratos. Una versión popular del régimen recomienda inicialmente la restricción extrema de ingesta de carbohidratos a menos de 20 g/día. Este nivel de restricción puede inducir cetonas séricas y urinarias y el descenso de peso; sin embargo, hasta hace poco tiempo la información disponible sobre esta dieta provenía de estudios pequeños de corta duración, la mayoría sin controles.

En la presente experiencia los autores examinaron el peso, la composición corporal, los niveles lipídicos y los efectos adversos durante 24 semanas en personas con hiperlipidemia sometidas a una dieta baja en carbohidratos y cetogénica o a un régimen pobre en grasas y en colesterol habitualmente utilizado para inducir el descenso de peso y la disminución de los niveles de lípidos.

Métodos

La muestra incluyó a personas de entre 18 y 65 años, con índices de masa corporal comprendidos entre 30 y 60 kg/m2, deseosas de adelgazar, valores de colesterol total > 200 mg/dl, de colesterol asociado a lipoproteínas de baja densidad (LDLc) >130 mg/dl y de triglicéridos > 200 mg/dl. Los participantes fueron distribuidos en forma aleatoria para llevar a cabo una de las 2 dietas. La intervención en ambos grupos incluyó reuniones, instrucciones para llevar a cabo el régimen y recomendaciones de actividad física. Las reuniones se llevaron a cabo 2 veces por mes durante 3 meses y luego mensualmente por 3 meses, y comprendieron instrucciones sobre la dieta, asesoramiento, cuestionarios y mediciones biomédicas. Los participantes eligieron el menú y compraron y prepararon sus alimentos de acuerdo con las pautas presentadas. Los pacientes fueron alentados a realizar actividad física durante 30 minutos al menos 3 veces por semana.

La dieta baja en carbohidratos constó en la restricción de la ingesta de éstos a menos de 20 g/d. El régimen permitió la ingesta diaria ilimitada de alimentos de origen animal, 4 onzas de queso, 2 tazas de verduras de hoja y una taza de vegetales de bajo contenido en carbohidratos (brócoli, coliflor y zapallitos). Además se recomendó la ingesta de 6 a 8 vasos de agua. En la décima visita, cuando los participantes se encontraban en la mitad de su objetivo, se recomendó la adición de 5 g diarios de carbohidratos semanalmente hasta alcanzar un nivel en el que el peso se mantuviera. Este grupo también recibió suplementos nutricionales. Por su parte, la otra dieta consistió en la reducción de la ingesta de grasas a menos del 30% de la ingesta energética diaria, menos del 10% de grasas saturadas y menos de 300 mg diarios de colesterol. La ingesta calórica recomendada fue de 500 a 1 000 calorías menos de las necesarias para el mantenimiento del peso.

El peso y el índice de masa corporal fueron los parámetros de valoración primarios. Los participantes fueron pesados en cada visita. Los criterios de valoración secundarios comprendieron el cumplimiento de la dieta, los registros de alimentos y la medición de cetonas. Todos los participantes consignaron los alimentos consumidos en 24 horas antes del ingreso al estudio y durante 5 días consecutivos con las dietas. La restricción en la ingesta de carbohidratos a menos de 40 g/d produce cetonuria que es detectable mediante tiras reactivas, parámetro que puede ser utilizado para determinar el cumplimiento de la dieta. En cada control los pacientes proporcionaron una muestra fresca de orina para su análisis. La composición corporal fue estimada mediante impedancia bioeléctrica. Las muestras de sangre para la medición de lípidos se obtuvieron después de 8 horas de ayuno como mínimo en la visita inicial y a las 8, 16 y 24 semanas. También se midieron los valores de sodio, potasio, cloro, urea nitrogenada, creatinina, calcio, fósforo, alanino aminotransferasa, aspartato aminotransferasa, fosfatasa alcalina, hierro, hemoglobina, recuento leucocitario y de plaquetas al inicio y a las 8, 16 y 24 semanas. En cada visita los participantes contestaron un cuestionario sobre efectos adversos. En las semanas 20 y 24 completaron una lista de los efectos adversos más mencionados durante la experiencia.

Resultados

La muestra final incluyó a 119 sujetos. El 76% de los participantes asignados a la dieta cetogénica (A) y el 57% del otro grupo (B) completaron el estudio. En el grupo A, el 7% no asistió a las reuniones, el 8% no cumplió la dieta, el 5% abandonó el estudio, el 2% no estuvo satisfecho con los resultados y el 2% no pudo ser contactado en el seguimiento. En el grupo B el 25% no participó de las reuniones, el 5% no cumplió la dieta, el 10% no quedó satisfecho con los resultados y el 3% no pudo ser contactado en el seguimiento. Por otra parte, a las 24 semanas, el descenso de peso en el grupo A fue de 12 kg, valor que correspondió a 6.5 kg con la otra dieta. El 61% del grupo A y el 23% del grupo B completaron el estudio y perdieron más del 10% del peso inicial. Con respecto a la composición de la dieta, el grupo A consumió 29.5 ± 11.1 g diarios de carbohidratos (8% de la ingesta energética diaria), 97.9 ± 24.3 g de proteínas (26% de la ingesta energética diaria) y 110.6 ± 27.3 g diarios de grasas (68% de la ingesta energética diaria). En tanto, los valores respectivos correspondientes al grupo B ascendieron a 197.6 ± 34.2 g diarios de carbohidratos (52% de la ingesta energética diaria), 70.5 ± 9.7 g diarios de proteínas (19% de la ingesta energética) y 48.9 ± 12.0 g diarios de grasas (29% de la ingesta energética).

La ingesta calórica diaria fue de 6.14 ± 1.37 MJ en el grupo A y de 6.31 ± 0.68 MJ en el grupo B. La proporción de integrantes del grupo A con trazas (hasta 0.9 mmol/l) de cetonas en orina ascendió al 86% a las 2 semanas y descendió al 42% a las 24 semanas. La proporción de participantes del grupo B con niveles moderados de cetonas en orina (6.9 a 13.8 mmol/l) fue del 64% a las 2 semanas y del 18% a las 24 semanas.

En las 24 semanas, los participantes disminuyeron más masa grasa que masa magra, con valores de 9.4 kg y 4.8 kg en los grupos A y B, respectivamente. El porcentaje de grasa corporal se redujo del 41% al 35.2% en el grupo A y del 41.1% al 38.3% en los otros pacientes. Por otra parte, los integrantes del grupo A experimentaron mayores cambios en los niveles de triglicéridos, colesterol asociado a lipoproteínas de alta densidad (HDLc) y en la relación entre triglicéridos y HDLc. Un integrante de este grupo experimentó aumento del LDLc de 184 mg/dl a 283 mg/dl a los 3 meses, mientras que en otro varió de 182 mg/dl a 219 mg/dl a las 4 semanas. Los niveles de LDLc aumentaron en más del 10% en 13 (30%) de 44 integrantes del grupo A y en 5 (16%) de 31 pacientes del grupo B. Por otra parte, en el grupo A, el nivel de urea nitrogenada aumentó de 14.2 mg/dl a 16.8 mg/dl a las 24 semanas. La fosfatasa alcalina disminuyó de 85.3 U/l a 79.6 U/l a las 24 semanas en el grupo A, mientras que aumentó de 81.1 U/l a 92 U/l en el otro grupo. Por último, los individuos sometidos al régimen bajo en carbohidratos experimentaron constipación, cefaleas, halitosis, calambres musculares, diarrea, debilidad generalizada y exantemas con mayor frecuencia.

Discusión

En sujetos hiperlipidémicos, una dieta restringida en hidratos de carbono induce mayor descenso de peso, reducción de los niveles de triglicéridos y aumento del HDLc que un régimen reducido en grasas. El fenómeno probablemente se asocie con las propiedades supresoras del apetito, la pérdida de energía mediante la cetonuria y el mayor efecto térmico de la dieta hiperproteica. A pesar del mejoramiento del perfil lipídico, los autores destacan la importancia de su control debido a que algunos individuos podrían experimentar cambios adversos. Asimismo, estiman que son necesarias investigaciones en otros grupos y por mayor tiempo para determinar la seguridad de la dieta cetogénica reducida en carbohidratos.

 

Ref: NUTRI