CLINICA MEDICA

 

TITULO: Para Combatir la Obesidad se Deben Promover Políticas Públicas Sanitarias y Educativas

AUTOR: Lean M, Gruer L, Alberti G, Sattar N

TITULO ORIGINAL: Obesity: - Can We Turn the Tide?

CITA: BMJ 333(7581):1261-1264, Dic 2006

MICRO: La obesidad y el sobrepeso son epidemias en progresivo aumento. Además de promover la actividad física y adecuar la dieta de las personas por medio de la educación, es necesario promulgar reglamentaciones a las que debería ajustarse la industria alimentaria

 

 

Los títulos que destacan los niveles de obesidad actual y los proyectados en el Reino Unido (en el año 2020 un tercio de los adultos será obeso) alertan acerca de que ha llegado el momento de actuar sobre este problema. Como se muestra en los diferentes estudios, las consecuencias de la obesidad afectan a personas de todas las edades y a casi todos los órganos y sistemas; además, disminuye la calidad de vida y muchos problemas comienzan cuando se alcanza un índice de masa corporal de 30. Más de la mitad de toda la población británica tiene un IMC índice de masa corporal mayor de 25 y en razón de ello ha de padecer mayor morbimortalidad.

A pesar de que la antigua premisa que manda "reunirse para darse fuerzas, comer menos y hacer más ejercicios" está en retirada, permanece aún entre los profesionales de la salud y es declamada con insistencia por los medios de comunicación. Muchas de las personas obesas o con sobrepeso preferirían tener un peso normal, en tanto que muchas otras tratan de mantener su peso por debajo de ese parámetro.

Todos, quien más quien menos, somos adictos a la comida. Como en el caso de cualquier trastorno, las personas con adicción excesiva requieren ayuda, consejo y simpatía. Muchos de los que se encuentran atrapados en un ciclo de ingesta con alto valor energético tienen un progresivo incremento ponderal con alteraciones en la regulación del apetito y con inactividad física.

Sin duda, las propias personas son en parte responsables de la elección de las opciones más saludables. A su vez, los profesionales de la salud tienen la obligación de tratar a los pacientes con la comprensión y la simpatía necesarias para inducir los cambios en los hábitos alimentarios y en la actividad física, a fin de sostener y apoyar las modificaciones favorables que es menester imprimir a la salud pública. El problema del incremento en la prevalencia de la obesidad puede empeorar, llevar a la quiebra al sistema de salud y reducir en forma notable la expectativa de vida. Surge de inmediato la inquietud sobre si es posible ofrecer un manejo eficaz de la situación y revertir la tendencia al aumento de la obesidad y, en tal caso, cuándo se podría concretar este cambio. La mayoría de las personas parecen incapaces de hacer modificaciones "proactivas" para evitar el exceso de peso, pero, por el contrario, son "reactivas" frente a su entorno. En consecuencia, debe entenderse que la educación por sí sola ha de fracasar para interrumpir esta tendencia a la obesidad epidémica, por lo que se requieren urgentes medidas ambientales de tipo físico y alimentario, así como políticas de Estado.

Debería prestarse más atención a las tendencias y a las diferencias entre los países. Los análisis económicos muestran que los incrementos en la ingesta de alimentos energéticos pueden ser las causas predominantes del aumento de la obesidad y que si bien la inactividad corporal tiene importancia, facilita el proceso, pero no lo determina. Por ejemplo, en la década de los setenta 70 se impuso en los Estados Unidos EE.UU. la dependencia del transporte automotor, el equipamiento automático doméstico y en los puestos de trabajo, y se generalizó el hábito de mirar televisión en exceso. Sin embargo, las tasas de obesidad recién se empezaron a acelerar en los años ochenta 80 y noventa90, en coincidencia con el aumento de la producción de alimentos y la reducción de sus costos relativos, todo ello combinado con la mayor frecuencia de comidas fuera del hogar, sobre todo de alimentos muy energéticos en raciones más abundantes. La misma tendencia estadounidense se observa ahora en otros países.

Mantener estable el peso es más fácil que perder su exceso. En efecto, un tercio o la mitad de todos los obesos no han de perder peso mediante tratamientos médicos. Mucho más esfuerzo deberá dedicarse a descubrir de qué modo se puede prevenir el sobrepeso y la obesidad y luego mantener el peso normal. La prevención es la única solución económica a largo plazo. Aun el conocimiento completo de las cascadas de péptidos que regulan el apetito y el metabolismo no permite revertir la epidemia a que llevan los cambios ambientales y culturales.

El entorno físico, alimentario y social se ha tornado muy obesogénico. Los autores se preguntan si esto sería modificable. Si bien hasta ahora ello no ocurrió en ningún lado, es posible adaptar el modo de alimentarse de forma tal que permita sin mayor esfuerzo consciente satisfacer tanto las necesidades energéticas del organismo como los gustos particulares de las personas. Estos cambios se facilitarían si se alterara la actividad física del entorno. Pero los cambios también exigen tanto una modificación productiva a cargo de la industria alimentaria como del comportamiento del público. Sólo se requerirían pequeños cambios, aunque es difícil imaginar que podrían lograrse sin una organización dedicada a combatir la obesidad con especialistas multidisciplinarios y una influencia política de alto nivel.

En el año 2002, una agencia de las Naciones Unidas y de la Organización Mundial de la Salud enunció las intervenciones posibles categorizadas según sus prioridades. Entre las propuestas en el Reino Unido de la Gran Bretaña se pueden mencionar las siguientes medidas: 1) asignar puntajes de obesogenicidad a los distintos barrios, lugares de trabajo y escuelas; 2) organizar programas de entrenamiento en obesidad para los profesionales de la salud; 3) promover educación específica en las escuelas para los alumnos, extensiva a los padres; 4) realizar exámenes médicos al egreso de los colegios primarios y secundarios que incluyan índice de masa corporal y perímetro de cintura; 5) brindar información escrita sobre la composición de los alimentos y su valor energético, con advertencias sobre aquellos con valores calóricos críticos; 6) aportar información sobre el contenido graso de los alimentos; 7) sólo permitir nuevos caminos y calles urbanos si tienen sendas para ciclistas; 8) habilitar únicamente los complejos habitacionales que tengan áreas para la práctica de deportes; 9) incluir números telefónicos para ayuda y apoyo en toda la indumentaria cuyos talles sean superiores a los correspondientes al normotipo de varón y mujer; 10) advertir sobre los centros de adelgazamiento no certificados; 11) subvencionar las operaciones bariátricas que se practican en los servicios de salud del área pública; 12) gravar especialmente la comida hipercalórica y 13) por el contrario, eximir de gravámenes a las instituciones que ayuden a evitar la obesidad y el sobrepeso mediante cambios alimentarios y ambientales.

La industria alimentaria británica es la más poderosa y los autores admiten que mantenga su rentabilidad. También reconocen que la principal motivación que gobierna su actividad es la estimulación del consumo, de donde provienen sus beneficios:. Sin embargo, ello no obsta para que asuman su responsabilidad sobre la salud de la población; en tal sentido, deben contribuir a evitar la obesidad, especialmente porque hay una tendencia a consumir comida precocida o procesada que proviene de las fábricas que la elaboran. Según los autores, para que se cumpla este cometido no alcanzan los acuerdos voluntarios, sino que se requieren reglamentaciones oficiales, además de la responsabilidad social de las corporaciones. Las medidas necesarias son las que regulan los precios, la mercadotecnia, la comercialización, la información al consumidor, el tamaño de las porciones, el contenido energético y el diseño del producto ofrecido al público.

Las medidas propuestas no tendrán éxito a menos que el público esté persuadido de cambiar su comportamiento dietario y físico. Para ello, los gobiernos deberían implementar políticas referidas a alimentos y bebidas. No obstante, piensan los autores consideran que la educación tiene efectos limitados. La obesidad es prevalente en las personas de bajos recursos económicos, sobre todo, las mujeres. La educación es imprescindible en este sentido, tanto para los niños como para los adultos y se requieren mensajes apropiados difundidos por los medios idóneos con suficiente llegada a los destinatarios.

En forma simultánea debería encararse la educación a los profesionales, desde el pregrado como parte del currículo universitario, hasta el posgrado.

Son factores protectores contra la obesidad: a) actividad física regular, b) ingesta de dieta con alto contenido en fibras, c) ofrecimiento de alimentos saludables para los niños y lactancia materna de ser posible en el período correspondiente de la vida, d) alimentos con bajo índice glucémico, y probablemente e) aumento de la frecuencia de las ingestas. Son factores promotores de la obesidad: a) vida sedentaria, b) alimentación hipercalórica con pocos nutrientes, c) promoción comercial de alimentos muy energéticos y de cocina rápida d) bebidas azucaradas, e) condiciones socioeconómicas adversas, f) alimentos en porciones voluminosas g) hábito de comer fuera de la casa con frecuencia, h) consumo de alcohol.

Conclusiones

El ejercicio de la profesión médica debe adaptarse a la actual epidemia de obesidad y a las enfermedades relacionadas con la nutrición. Los profesionales asistenciales y los especialistas en salud pública deben actuar en forma sinérgica para imprimir en la población cambios en el estilo de vida y estimular a la industria aalimentaria a fin de que adecue la oferta de los productos que por consenso se consideran saludables.

La prevalencia y los costos derivados de la obesidad se encuentran en progresivo ascenso. Así como se ha tomado conciencia de la necesidad de medicarse tratamiento contra cardiopatías, hipertensión y diabetes, se debería aceptar que se le indique la indicación de medicación y aúun de cirugía para tratar la obesidad.

Ref: CLMED