CLINICA MEDICA

 

TITULO: Pautas Efectivas para Diagnosticar y Tratar la Halitosis

AUTOR: Porter SR, Scully C

TITULO ORIGINAL: Oral Malodour (Halitosis)

CITA: BMJ 333(7569):632-635, Sep 2006

MICRO: La halitosis suele producirse por mala higiene bucal, la mayor parte de las veces limitada al cepillado de dientes. Para que éste resulte efectivo debe agregarse la limpieza interdentaria. Pero si aun así no desaparece el cuadro, deben investigarse otras posibles causas, como enfermedades que pueden tratarse.

 

 

La halitosis, es decir el olor desagradable de la boca, es una situación muy común. En efecto, la mayoría de las personas padece en algún momento un episodio temporario de mal olor bucal. En el mundo desarrollado entre el 8% y el 50% de los individuos sufren de halitosis persistente o recurrente y el trastorno puede afectar a personas de cualquier edad. En casos graves y prolongados puede disminuir la autoestima e interferir las relaciones sociales.

Si bien es muy frecuente el mal olor de la boca en el momento del despertar, no puede definírselo por ello como halitosis. Cuando el cuadro en lugar de ser temporario se instala y es constante, por lo general se debe a una enfermedad bucal, nasal o faríngea. La causa más probable es la acumulación de restos alimentarios y placa bacteriana dentaria o lingual debido a una mala higiene, con la consiguiente inflamación de las encías (gingivitis) y del periodonto (periodontitis). A pesar de que la mayor parte de las gingivitis y periodontitis pueden generar mal olor, la variedad ulcerosa aguda de la primera de las mencionadas afecciones (enfermedad de Vincent) es la que produce la halitosis más marcada. La periodontitis del adulto, relacionada con pérdida de la fijación periodontal, puede causar grados variables de mal olor, especialmente notable en los casos de periodontitis agresiva, la cual tiene la particularidad de producir una rápida pérdida de hueso alveolar y la consiguiente movilidad de las piezas dentarias que en él se alojan.

La xerostomía es la sequedad de boca y tiene la capacidad de puede incrementar el mal olor bucal. Igual situación puede ocurrir aparecer en quienes usan determinados tipos de prótesis dentarias.

La llamada halitosis matinal se presenta a veces después de las horas de sueño. Se suele atribuir a la respiración bucal por obstrucción nasal cuando hay infecciones de la vía aérea superior y, a veces, a que la atmósfera es demasiado caliente y seca. Podría también ocurrir aparecer después de haber ingerido plantas aromáticas tales como el ajo, la cebolla o diversas especias, o bien tras consumir bebidas alcohólicas o fumar.

Las infecciones del tracto respiratorio generan halitosis debido a las secreciones nasales o sinusales infectadas que descienden por las fauces, en especial si la persona afectada tiene respiración bucal. Las tonsilitis son también son causales del cuadro, del mismo modo que los cuerpos extraños alojados en la nariz, las bronquiectasias y ciertas formas clínicas de carcinoma pulmonar.

Varios trastornos sistémicos producen halitosis, pero con escasa frecuencia. Se cuentan entre ellos la diabetes, las infecciones por Helicobacter pylori, y también se han señalado como agentes causales algunos fármacos.

El síndrome de olor a pescado o trimetilaminuria se trata de un cuadro de ocasional presentación caracterizado no solamente por halitosis sino también por mal olor corporal. Los pacientes tienen exceso de trimetilamina, lo cual da lugar a un particular olor amoniacal similar al del pescado podrido. El cuadro se produce cuando hay defectos en la actividad de la flavina monooxigenasa o sobrecarga de precursores de la enzima (por ejemplo, después del tratamiento con colina para la corea de Huntington o la enfermedad de Alzheimer). Otro trastorno metabólico que puede provocar halitosis es la hipermetioninemia. 

Hay sujetos que se quejan de mal aliento, aunque ello no puede ser confirmado en forma objetiva; estos casos se califican como una forma de hipocondría. Estas personas interpretan erróneamente las acciones de otros como indicativas de que su aliento es desagradable y con el tiempo suelen adoptar ciertas conductas para minimizar su supuesto problema como, por ejemplo, se tapan la boca para hablar, evitan acercarse a los demás o se van aislando socialmente. Padecen una verdadera halitofobia que genera frecuentes lavados frecuentes de dientes y lengua, el consumo de goma de mascar o de golosinas en la forma de caramelos o pastillas de menta, el lavado con desodorantes bucales y la atomización de productos que en el mercado comercial se destinan a esos efectos.

El mal olor proveniente de la boca es la consecuencia de la putrefacción bacteriana de restos de alimentos, sangre, células y saliva. En general, Llos microbios más a menudo incriminados son las siguientes bacterias gramnegativas: Prevotella (Bacteroides) melaninogenica, Treponema denticola, Porphyiromonas gingivalis, P. endodontalis, Prevotella intermedia, Bacteroides loescheii, enterobacterias, Centripeda periodontii y Fusobacterium periodonticum, entre otras. Pero como no puede asignarse en forma exclusiva a una sola de ellas la responsabilidad del proceso que da lugar al mal olor, se infiere que el signo obedece a una combinación de varias especies de bacterias que producen compuestos volátiles de azufre, diaminas y ácidos grasos de cadenas cortas.

Las interacciones microbianas probablemente ocurran se produzcan en los recesos gingivales y periodontales, pero también puede suceder que el mal olor se origine en el dorso de la parte posterior de la lengua, lo que explicaría por qué padecen halitosis aquellas personas que cumplen con las prescripciones de una adecuada higiene bucal. Es que como consecuencia de la amplia superficie papilar del órgano, su cara dorsal puede retener grandes cantidades de células descamadas, leucocitos, microorganismos y, presumiblemente, componentes de la saliva. El contenido microbiano de la lengua puede ser mayor pero no necesariamente diferente en aquellas personas con enfermedad periodontal en comparación con los sujetos sanos.

La evaluación de la halitosis es por lo general subjetiva, y consiste en oler el aire espirado de la boca y de la nariz y luego efectuar la comparación entre ambos. A esta prueba se la denomina evaluación organoléptica. El olor que se detecta de la boca pero no de la nariz, probablemente quizá se deba a problemas bucales u bucofaríngeos. Si se detecta del aire proveniente de la nariz, es probable que obedezca a una sinusitis o patología nasal. Si se percibe por igual en el aire expelido por nariz y por boca se ha de buscar una causa sistémica. Por un método hedónico se puede establecer la calidad del olor, pero la confiabilidad del dictamen depende exclusivamente de un jurado clínicamente entrenado.

La medida objetiva de los compuestos del aliento raramente se emplea en la práctica clínica rutinaria, por ser cara y porque insume mucho tiempo Los compuestos volátiles de azufre pueden medirse mediante el empleo de un equipo de medición portátil específico, pero el procedimiento tiene errores, porque dentro del aliento suelen estar incorporadas ciertas sustancias diferentes que pueden hacer imprecisa la determinación de la fuente e intensidad del mal olor. La cromatografía gaseosa del aliento es un potencial procedimiento de análisis, pero carece de aplicación clínica. Asimismo, la detección de actividad bacteriana similar a la de la tripsina (con la prueba de la benzoíl-arginina-naftilamida, microscopia de campo oscuro y reacción en cadena de la polimerasa) caen fuera de la rutina del estudio de la halitosis.

El tratamiento se fundamenta en la educación de los pacientes dirigida a neutralizar los factores causales y prevenir la acumulación de bacterias en la cavidad bucal. A eso apunta el lavado de los dientes con cepillado y meticulosa limpieza interdentaria, en particular cuando se lo indica a personas con mala higiene de la boca, la cual casi siempre se acompaña por gingivitis e infección periodontal. Sin embargo, si la higiene dental es correcta y aun así el mal olor persiste, debe indicarse la cuidadosa limpieza cuidadosa de la lengua.

Los lavados de la boca sugeridos reducen la carga bacteriana o los compuestos odoríferos. El gluconato de clorhexidina disminuye la cantidad de bacterias y por lo tanto de los compuestos de azufre que producen. Por ello, es mejor emplear la droga que limitarse solamente al lavado. Sin embargo, los pacientes suelen rehusar su empleo por tiempo prolongado debido al sabor desagradable de este antiséptico. Otras sustancias también efectivas son el dióxido de cloro, el cloruro de cinc y el cloruro de cetilpiridinio. El triclosán tiene acción directa contra los compuestos volátiles de azufre, especialmente cuando se lo asocia con un copolímero y fluoruro de sodio preparado en forma de pasta dentífrica.

Los métodos experimentales contra la halitosis incluyen la D-galactosamina, que es un inhibidor de la glicosilación, la ubicación probiótica de bacterias tales como Streptococcus salivarius para reemplazar a las que producen el mal olor, y la fotosensibilización letal que consistente en la exposición a la luz para inhibir el crecimiento de las bacterias que producen compuestos volátiles de azufre, entre otros.

Finalmente, los pacientes con halitofobia requieren estudio y tratamiento por psicología clínica.

 

Ref: CLMED