CARDIOLOGIA

 

TITULO: Relación entre el Consumo de Sodio, Potasio, Calcio, Magnesio, Calorías e Hipertensión

AUTOR: Karppanen H y Mervaala E

TITULO ORIGINAL: Sodium Intake and Hypertension

CITA: Progress in Cardiovascular Diseases 49(2):59-75, Sep 2006

MICRO: El aumento del consumo de sodio y calorías y el menor consumo de potasio, calcio y magnesio pueden explicar la elevada prevalencia de hipertensión.

 

 

Introducción

La hipertensión (HT) es la principal causa de muerte en los países desarrollados. Una medida clave para su prevención y tratamiento reside en la reducción del consumo de sal. Esta medida se ha implementado de manera progresiva en Finlandia durante 30 años, y se asoció con la reducción considerable de la presión arterial (PA) promedio en la población y en la disminución del 80% de la mortalidad por ictus y enfermedad coronaria en las personas menores de 65 años. La reducción del consumo de sal en Finlandia también desempeñó un papel importante en el aumento de 6 años de la expectativa de vida durante los últimos 30 años. No obstante, las industrias alimenticias promueven -debido a intereses comerciales- el consumo elevado de sal.

Niveles fisiológicos del consumo de sodio

Se considera que los seres humanos están programados genéticamente para comer y metabolizar tanto alimentos vegetales como animales. Este programa genético no se ha modificado sustancialmente en los últimos 100 000 años y parece ser compatible con los alimentos mixtos no procesados, es decir, con alimentos sin remoción parcial o completa o enriquecimiento de ningún nutriente. De acuerdo con esta hipótesis, las modificaciones realizadas por el ser humano en la composición de los alimentos podrían provocar o predisponer a condiciones mórbidas, incluyendo la HT arterial.

Una dieta diaria compuesta por dos tercios de vegetales y un tercio de productos animales provee aproximadamente 0.6 g de sodio en ausencia del agregado de sal. Por su parte, una dieta diaria conformada sólo por vegetales provee menos de 0.23 g de sodio. El consumo más elevado de este elemento deriva de dietas compuestas predominantemente por alimentos de origen animal, con 0.8 g/d de sodio, sin sal agregada. Así, resulta imposible elaborar una dieta con alimentos naturales no procesados para aportar sodio en exceso de 1.2 g/d. Por lo tanto, podría esperarse que los mecanismos genéticos del ser humano estén programados para niveles de sodio diarios menores de 1.2 g, que corresponden a menos de 0.5 g de sodio por cada 1 000 kcal.

La activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona (RAA) incrementa la retención de sodio y agua. Este sistema quizá ha sido genéticamente programado para responder a modificaciones de los niveles de consumo de sal. El sistema RAA se encuentra totalmente activado en presencia de consumos muy bajos y prolongados de sodio, menores de 5 mmol/d. El consumo de 50 mmol/d de sodio inhibe la secreción de aldosterona (hormona que retiene sodio) casi en forma completa, lo que sustenta el concepto de que los seres humanos están genéticamente programados para consumir alimentos que contienen sodio en cantidades naturales pero no sal agregada.

El consumo actual de sodio excede 5 veces los niveles fisiológicos

El estudio Intersalt y otros ensayos han mostrado que el consumo promedio de sodio en países desarrollados es de 4 000 mg/d, y en los EE.UU., es de 1.5 mg/kcal. A niveles de 2 400 kcal, este valor corresponde al consumo diario de sodio de 3 600 mg, que equivale a 9 g de cloruro de sodio (NaCl). Por lo tanto, el consumo promedio de sodio en los EE.UU. es 5 veces mayor en comparación con los aportados por una dieta natural y los mismos productos alimenticios sin sal agregada.

La HT es la respuesta fisiopatológica esperada al consumo excesivo de sodio

Más del 95% de la sal ingerida es absorbida en el tracto gastrointestinal. Sólo en caso de diarrea masiva y vómitos o ejercicio extenuante con sudoración profusa puede tornarse significativa la pérdida extrarrenal, dado que normalmente la sudoración se asocia con pérdidas de 0.058 g y otras disminuciones extrarrenales con hasta 0.18 g/d. Por lo tanto, para mantener la concentración de sodio extracelular (142 mmol/l) y el contenido total de sodio corporal a niveles constantes, la excreción renal de sal debe ser igual a la ingesta. El exceso diario de consumo de sal de 8.3 g debe acompañarse del aumento de la ingesta de 1 l de agua para mantener los niveles normales de natremia.

La PA desempeña 2 funciones importantes en el cuerpo: la primera es el mantenimiento de la perfusión tisular y, la segunda, el control del equilibrio de sodio, que determina el volumen del líquido extracelular. Al incrementar la PA, el organismo puede eliminar el exceso de sodio y agua mediante el mecanismo presión-natriuresis. La PA es el mecanismo fisiológico más poderoso para el mantenimiento del equilibrio de sodio y agua.

El déficit de sodio y la disminución del volumen extracelular durante un período prolongado de baja ingesta de sodio o pérdidas gastrointestinales (sudoración o hemorragia) pueden prevenirse en forma efectiva mediante la reducción de la PA. Mediante esta disminución, el organismo puede reducir completamente la excreción renal de sodio y líquido.

Los factores genéticos son fundamentales para determinar en qué medida debe aumentar o disminuir la PA para mantener el equilibrio hidrosalino. En presencia de mecanismos hereditarios de reabsorción hiperactiva de sodio, se manifiesta HT marcada en presencia de ingestas habituales de sal como mecanismo de defensa contra su acumulación aguda. Las pérdidas hereditarias de sodio conducen a hipotensión aun en presencia de cantidades normales de sodio ingerido, como mecanismo de defensa contra la falta de sal.

Dadas las actuales condiciones genéticas, alimentarias y ambientales, la elevación crónica de la PA parece ser necesaria en más de la mitad de la población para la prevención de la acumulación de sal y, por tanto, de la aparición de toxicidad aguda por esta causa.

En caso de obesidad, la excreción del exceso de sodio se encuentra disminuida, por lo que estos individuos están predispuestos a aparición y agravamiento de la HT.

En pacientes diabéticos, la HT se caracteriza por el aumento de la sensibilidad a la sal y expansión de volumen. Además, el elevado consumo de sal podría ser un factor desencadenante para la diabetes mellitus tipo 2 (DBT2).

En presencia de variaciones genéticas normales de las bombas y los canales de sodio, la excreción del exceso de este elemento mejora en forma marcada con mayores ingestas de potasio, calcio y magnesio. Por lo tanto, cierta cantidad de agua y sal en exceso puede ser excretada en presencia de menor PA en comparación con la baja ingesta de estos minerales.

La composición desfavorable de las comidas procesadas aumenta el efecto hipertensivo de la sal

El procesamiento industrial de alimentos altera el contenido de sodio, potasio, calcio y magnesio. El consumo de potasio en los EE.UU. es tan bajo como 2 g por 2 400 kcal, que representa sólo 24% de la cantidad aportada por una dieta natural. La ingesta de calcio con alimentos procesados es del 40%, frente a alimentos no procesados, y respecto del magnesio, el porcentaje es sólo 23%. En consecuencia, en presencia de menor consumo de potasio, calcio y magnesio, el organismo necesita incrementar la PA para excretar la sobrecarga de sodio.

El Dietary Reference Intake (DRI) de sodio es 1 500 mg/d y el nivel máximo de consumo diario de este elemento no asociado con riesgo de efectos adversos es de 2 500 mg. El consumo de hasta 4 500 mg/d de sodio en varios países occidentales excede claramente el nivel de consumo de sodio máximo. El nivel de potasio recomendado para niños de 1 a 3 años, de 4 a 8 años y de 9 a 13 años es de 3 000 mg/d, 3 800 mg/d y 4 500 mg/d, respectivamente, mientras que el DRI de calcio es de 1 000 mg/d a 1 300 mg/d. En hombres adultos, el consumo diario sugerido de magnesio es de 420 mg y, en mujeres, aproximadamente de 300 mg/d.

La reducción de sal disminuye la PA

En el segundo estudio Dietary Approaches to Stop Hipertension, la restricción de sodio (40% del nivel usual) durante una dieta controlada se asoció con la disminución de 6.7 mm Hg en la presión sistólica (PAS) y 3.5 mm Hg en la diastólica (PAD).

Dos metaanálisis recientes demostraron que la reducción de 75 mmol/d de sodio disminuye la PA en sujetos normotensos e hipertensos, con caída en la PAS de 1.3-2 mm Hg y 5 mm Hg y en la PAD de 1 mm Hg y 3 mm Hg, respectivamente. Además, se ha demostrado correlación entre la reducción del sodio urinario -indicador del consumo de sodio- y la disminución de la PA.

Reducción de la PA, infarto cerebral y de miocardio en Finlandia

En este país, la disminución progresiva del consumo de sal en las últimas 3 décadas se asoció con reducción de la PA (PAD > 10 mm Hg). Ambos factores, junto con la disminución del colesterol, parecen asociarse con la reducción de los infartos.

A principios de los años 90, el gobierno finlandés implementó regulaciones respecto del contenido de sal en los alimentos manufacturados por la industria. La parte más efectiva de la legislación fue la advertencia "alto contenido de sal" en los alimentos con alto contenido de NaCl (> 1.3% en pan, 1.8% en salchichas, 1.4% en queso, 2% en manteca y 1% en cereales para el desayuno). Esta medida redujo el contenido promedio de sal en panes de 20% a 1.5%. Desde la década del 80, un número creciente de compañías ha reducido el contenido de sodio y aumentado el de potasio y magnesio de los alimentos.

Conexiones entre el consumo de sal, la HT y la obesidad en los EE.UU.

Desde 1980 ha aumentado el tamaño de las porciones con incremento del consumo de energía y de la obesidad. El aumento de las porciones también conlleva al incremento del consumo de sal. Otro factor asociado con este aspecto es la mayor cantidad de personas que comen fuera del hogar, en particular en restaurantes de comidas rápidas.

La ingestión de comidas con alto contenido de sodio se asocia con la respuesta fisiológica de la sed. Entre 1977 y 2001, el consumo de energía de bebidas azucaradas aumentó, en promedio, 135% en los EE.UU., con reducción de 38% del consumo de energía proveniente de la leche, con un efecto neto sobre el consumo de energía de 278 kcal adicionales per capita por día. Para gastar esta energía adicional y evitar la obesidad, una persona debe caminar 1 hora 10 minutos más por día que en 1977. Por lo tanto, el aumento del consumo de sal ha desempeñado un papel importante en el incremento del consumo de gaseosas y energía. El mayor consumo de gaseosas se asoció con mayor aumento de peso e incremento del riesgo de DBT2. Tanto la obesidad como la DBT sensibilizan el efecto hipertensivo de la sal.

Según los autores, la introducción de alimentos funcionales, reducidos en sodio y ricos en potasio, magnesio y otros compuestos saludables, como fitoesteroles, puede conferir beneficios no sólo a la salud de la población -respecto de la PA y el colesterol- sino también a las industrias al aumentar la competitividad.

 

 

Ref: CARDIO